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miércoles, 11 de marzo de 2015

Cuatro creencias erróneas que hay que desechar para entender la ansiedad


Si la información siempre es necesaria a la hora de enfrentarse a un problema de salud, en el caso de la ansiedad es imprescindible para poder tratarla. Entender qué es la ansiedad ya es dar el primer paso para librarnos de ella. Dada su alta incidencia y la influencia que tiene en la vida personal y laboral de las personas, la ansiedad está en el punto de mira de la sociedad. Junto a las indudables ventajas que el estudio de la ansiedad ha traído, también se han popularizado grandes errores en la opinión pública que impiden el abordaje correcto del problema. Desmontar estas mentiras y explicar al paciente en qué consiste su problema es la primera tarea que todo psicólogo tiene que tratar en consulta si quiere tener éxito en la intervención.
Estas son las cuatro principales creencias erróneas de la ansiedad.
1. La ansiedad es una enfermedad que al contraerla provoca síntomas disruptivos en nuestro organismo
La ansiedad no es una enfermedad que se contagia como una gripe. De hecho, no puede definirse siquiera como enfermedad. Es una respuesta que todos los seres humanos (y el resto de animales) tenemos y que cumple con una función biológica extremadamente útil: la ansiedad nos prepara para afrontar amenazas. Es una especie de protocolo de emergencia que de manera coordinada y súbita produce cambios fisiológicos para hacer frente a los peligros de las dos maneras habituales en el mundo animal: preparándonos para la lucha o para la huída. Si analizamos las respuestas de ansiedad más frecuentes lo vemos claro: las taquicardias aumentan la frecuencia cardiaca para bombear más sangre y permitirnos mayor esfuerzo físico, la hiperventilación o ventilación de carrera, como su nombre indica, es la adecuada si queremos emprender la escapada, las tensiones musculares contraen nuestros músculos, los cambios en todo el sistema digestivo y excretor… Incluso las sensaciones extrañas que tanto alarman a las personas son el reflejo de una menor dedicación cognitiva para priorizar la actividad física.
No llegar a fin de mes o que alguien de nuestra familia lo esté pasando mal, son peligros ante los cuales no se puede huir
Sin esa activación el ser humano no sería capaz de reaccionar ante ciertos peligros. El problema es que para el hombre del siglo veintiuno las amenazas físicas son las menos frecuentes: no llegar a fin de mes, que alguien de nuestra familia lo esté pasando mal o tener una carga de trabajo desmedida son peligros ante los cuales no se puede huir o pelear. Es entonces cuando esos cambios físicos, lejos de ser adaptativos, empiezan a ser disfuncionales y al aparecer reacciones físicas nuevas y descontextualizadas, se convierten en un trastorno para nuestras vidas.
2. La ansiedad son sólo nervios y tonterías mentales
Etiquetar la ansiedad como una enfermedad es un error tan grande como minimizar su importancia y no atender adecuadamente a quien la padece. Aunque, como hemos dicho, es una reacción natural del organismo, las respuestas fisiológicas pueden ser sumamente desagradables e incapacitantes. La persona con ansiedad experimenta cambios reales en su organismo que no logra comprender, aumentando aún más su respuesta de ansiedad, ya que reacciona ante esos síntomas como si fueran una nueva amenaza, volviendo a generar una respuesta de activación y entrando así en unbucle perverso. Precisamente el que alguien que nunca ha sufrido ansiedad no empatice con la persona que la padece, no hace sino aumentar su ansiedad ya que al tener que lidiar a solas con unas sensaciones muy disruptivas, aumenta aún más su preocupación acerca de qué le está pasando.
3. La ansiedad en un grado elevado puede matar a la persona
Este es tal vez el error más grave y difundido, y que es más importante explicar con evidencia empírica en consulta. Una persona no puede morir por tener un ataque de pánico. Si bien estas reacciones fisiológicas son extrañas, intensas y duraderas, precisamente por ser un mecanismo natural del organismo tiene su propio sistema de seguridad que impide que sean letales. Es cierto que, en un primer momento, ante un síntoma extraño que no conocemos, hay que acudir al médico. Si tras hacernos todo tipo de pruebas, se ha descartado que tenemos algo distinto a la ansiedad, es importante que aprendamos nosotros mismos a discriminar y a entender estos síntomas, ya que, de creer que nos está pasando algo grave, no hacemos sino aumentar aún más la reacción. Conocer la explicación fisiológica de cada síntoma de ansiedad excede el contenido de este artículo pero valgan dos ejemplos.
  • Cuando se está teniendo una taquicardia por activación, no se está produciendo un infarto, no hay un cambio eléctrico en el ritmo cardiaco, como puede comprobarse con un electrocardiograma. Simplemente se está aumentando la frecuencia, como cuando hacemos ejercicio.
  • Cuando se hiperventila se respira un volumen de aire mayor del que se necesita. Como consecuencia, se produce una disminución excesiva de dióxido de carbono en la sangre; a su vez, esto reduce la actividad del centro del reflejo respiratorio en el cerebro, con lo cual desciende la frecuencia respiratoria. De este modo surge el efecto paradójico de falta de aire. Es decir, que esos “topes o frenos” que angustian tanto son los intentos de restablecer el ritmo normal y no que nos estemos asfixiando o ahogando. Sería tan absurdo como creer que uno puede suicidarse simplemente conteniendo la respiración.
Nuestro organismo es más sabio que todo eso. Una persona sana no puede morir por un ataque de pánico. Sólo en el caso de que existieran alteraciones congénitas u otros problemas médicos graves, la ansiedad podría ser peligrosa… Como también lo sería subir escaleras o hacer el amor, por ejemplo. Por eso, de base siempre hay que descartar cualquier patología física previa, para luego poder gestionar la ansiedad desde la absoluta tranquilidad.  Por último, si el nivel de activación se mantiene durante el tiempo, también supone una pérdida de salud progresiva, como lo sería fumar, tomar grasas a diario o no dormir las suficientes horas. Pero eso nada tiene que ver con el miedo habitual y totalmente infundado de que nos dé algo o nos volvamos locos durante una respuesta de ansiedad.
4. La ansiedad, al tener efectos en nuestro cuerpo sólo puede tratarse cogiendo la baja y tomando medicación
El gran avance de la industria farmacéutica ha permitido que hoy en día existan ansiolíticos eficaces y con efectos secundarios controlados que pueden ayudar a disminuir los síntomas de la ansiedad de manera notable. No obstante, desde la psicología vemos los fármacos como un medio y nunca como un fin,recomendados a aquellas personas cuyos niveles de ansiedad son tan elevados que no pueden poner en práctica estrategias conductuales para reducir su activación. Los estudios avalan que las personas son capaces de superar sus problemas de ansiedad sin necesidad de tomar una medicación de por vida. De hecho, también han demostrado que si no existe una intervención psicológica, tomar únicamente ansiolíticos puede ser un abordaje del problema contraproducente, equiparando síntomas causados por un agente patógeno a los de una reacción natural y necesaria para el hombre y volviendo a la persona demasiado sensible ante cualquier signo de activación. El enfoque adecuado tampoco puede ser el huir de aquello que nos provoca ansiedad. No siempre es posible ni tampoco oportuno.
La ansiedad nos está dando información sobre qué cosas en nuestra vida están siendo causantes de problemas
En consulta se entrena a las personas a identificar sus síntomas y cómo combatirlos con técnicas aprendidas, controlando la activación y reduciéndola cuando sea necesaria. Los efectos son duraderos y la persona de manera autónoma sabrá gestionar la ansiedad sin necesidad de estar acudiendo a los clínicos cuando se encuentre mal.
Por último cabe reseñar que si la ansiedad es una respuesta a una amenaza, real o percibida, también nos está dando información sobre qué cosas en nuestra vida ahora mismo están siendo causantes de problemas. Entender qué es la ansiedad no sólo nos librará del tremendo malestar que genera sino que puede guiarnos a hacer cambios en aquello que tal vez no esté funcionando como debiera en nuestro día a día. 
Ni una enfermedad, ni una tontería, ni mortal, ni imposible de controlar. La ansiedad puede seguir siendo una aliada en la identificación de las amenazas a nuestra felicidad.